Hace unos días, en estas mismas páginas insertábamos un comentario sobre el fracaso escolar como prólogo o antesala de la Selectividad, cuyas consecuencias el estudiante arrastraría desde el comienzo de su acceso a la Universidad.
En el Congreso Nacional sobre nuevas Tecnologías Aplicadas a la Formación celebrada en 1994, J. Blat, en una oportuna reflexión recordaba: “Si hoy despertara una persona que hubiese estado dormida durante cien años se asombraría de los cambios, que ha sufrido la sociedad; sin embargo, el proceso de formación lo encontrría casi igual. ( De la Universidad Española Hoy)
Ante la carencia hoy admitida por aquellos que rigen la Universidad, cabe preguntarse por la conveniencia de un cambio radical en las estructuras universitarias. Hay quién sostiene que la autonomía universitaria y la democratización de la gestión está conseguida, cuando lo cierto y verdad es que las transferencias a las CC.AA (Comunidades Autónomas) han condicionado políticamente los planes y las titulaciones así lo es al menos en la Comunidad Autónoma de Extremadura. ¿Dónde está esa autonomía universitaria?.
¿Estarán los universitarios lo suficientemente preparados para asumir como objetivo principal la calidad que se prevé en el llamado Proceso de Bolonia en su configuración para el 2010, dentro del Espacio Europeo de Educación Superior?.
Esperemos que por una vez, Europa tenga una sola voz.
Fernando García Figueroa
Cáceres, 22 de junio de 2007
Cáceres, 22 de junio de 2007
2 comentarios:
Totalmente de acuerdo con usted.
Pero si todos los padres quieren que sus hijos sean universitarios; si los jóvenes no están motivados para tener una enseñanza superior; si no se les dota de las herramientas y los conocimientos suficientes para que ellos elijan lo que quieran ser teneniendo claro cuáles son sus habilidades; si no le prestamos atención a los llamados Ciclos Formativos, ampliando su oferta y dotando a los centros suficientemente; esta sociedad estará condenada a la mediocridad, y no seremos competitivos ni en la economía ni el conocimiento.
¿Estarán los políticos lo suficientemente preparados para asumir la calidad? ¿Se suprimirán las duplicidades de carreras, o las carreras con déficit de alumnos? ¿Se aprobarán nuevos planes de estudio eliminando las asignaturas improcedentes, fruto de intereses departamentales o de intereses no confesables? Etc.
¿Empezará la calidad, como la caridad, por uno mismo, el equipo rector?
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